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Domingo 20 de Enero

Lo que dice
Jn. 2, 1-11 – Fue el primero de los signos
Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía.» Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga.»
Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas.» Y las llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete.» Así lo hicieron.
El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: «Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento.»
Éste fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

Lo que me dice
Hace unos cuantos años, San Juan Pablo II, agregó al Rosario los misterios luminosos. Y el segundo misterio rescata este momento del evangelio: las bodas de Caná. La verdad que no podía faltar en medio de la clásica oración mariana el recuerdo de este momento que es a la vez tan profundamente cristológico como intensamente mariano.
En la persona y la intervención de María, me gusta ver hoy la persona y la intervención de tantas mujeres a favor de que no se pierda la alegría, de que continúe “la fiesta”, la celebración de la alianza.

Lo que le digo
Quiero bendecirte Señor en este domingo por tantas mujeres que siguen a la par tuya e intentan prolongar la alegría, el gozo, dando lugar a la esperanza.
Todas ellas, como María en Caná, dicen y ofrecen su pequeñez pero también su infinito amor, su habilidad para detectar “lo que falta”.
Concede Señor fortaleza a todas ellas. Renueva sus ansias de servir. Y a toda la comunidad enséñanos a contagiarnos de esa evangélica habilidad por descubrir dónde se te necesita a Vos, Señor. Amén.
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