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Lunes 15 de Octubre

Lo que dice
Lc 11, 29-32 - Esta es una generación malvada


Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: "Ésta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón. El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.

Lo que me dice
Esta escena parece mostrarnos a un Jesús como enojado, casi molesto. Entre los judíos que lo seguían había una demanda que en reiteradas oportunidades volvía a aparecer: querían un signo portentoso. Por la cabeza de Jesús parece asomar esta pregunta: ¿puede alguien convertirse solamente viendo un signo?. La respuesta que se da es siempre la misma: quien no se convierte al escuchar la palabra de Dios, aunque un muerto resucite tampoco lo hará (Lc 16, 31). Creer en el signo presupone haber creído antes la palabra de Dios predicada.
Por eso Jesús no se mueve de postura, y les reitera que el gran signo de que el reino de Dios ya está entre ellos, es Él mismo. Sus palabras y obras lo gritan a los cuatro vientos, pero ellos no lo ven. Por eso, para despertarlos de su terquedad, recurre a dos ejemplos movilizantes: en el pasado los paganos sí aceptaron la sabiduría de Salomón y la predicación de Jonás... ¿cómo es que entonces ellos, sus contemporáneos, no son capaces de reconocer la sabiduría y la predicación del Mesías?

La vida de Don Bosco estuvo marcada por innumerables “signos”. No sólo tuvo la gracia de escuchar la “voz de Dios” a través de manifestaciones oníricas recurrentes, sino que también incontables testigos, en distintas oportunidades, aseguran que Dios obró mediante él algún “milagro”. Sin embargo la espiritualidad que vivió estaba marcada por la “cotidianidad” y no por los eventos extraordinarios. Don Rúa atestigua de él que “vivía como si viera al Invisible”; su predisposición por buscarlo a Dios era constante. Y eso es lo que enseñó a sus muchachos, la escuela de santidad que heredamos de él: a ser conscientes de que estamos todo el tiempo bajo la mirada paterna de Dios, que nos ve; a pronunciar durante el día jaculatorias, que son como flechazos directos hacia el cielo; a estar siempre alegres; a ser buenos cristianos y un honrados ciudadanos; a ser fieles en el cumplimiento de nuestros deberes; a soportar con paciencia los defectos de nuestros hermanos.

Lo que le digo
¡Queremos verte, Jesús! Queremos creer en tu Palabra. En nuestro interior sabemos que tu persona, tu vida, nos habla de Dios. ¿Acaso no arde nuestro corazón cada vez que nos hablas del Reino?. Ya no queremos dudar más. Ayúdanos a creer.

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