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Sábado 23 de Febrero

Lo que dice
Mc. 9, 2-13 – Escúchenlo
Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor. Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: “Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo”.
De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos. Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.

Lo que me dice
Muchas de las manifestaciones de Dios –teofanías– tienen lugar en un monte. Las primeras teofanías tuvieron lugar en el monte Sinaí, donde Dios le revela a Moisés la Alianza y la Ley. Más tarde, muchos de los profetas, entre ellos Elías, recibieron manifestaciones en lugares altos.
Jesús también elige un monte alto para esta teofanía, probablemente el Tabor ya que es el monte más alto de la Galilea. Aquí Jesús se revela a tres de sus discípulos en su dimensión divina. Esta teofanía, donde Jesús aparece transformado, se manifiesta en la blancura resplandeciente de su ropa. Esta ‘luminosidad’ habla de un ‘algo más’ en Jesús; es más que el legislador Moisés y que Elías, el padre de los profetas; es el ‘Hijo predilecto del Padre’, al que ahora hay que escuchar. Esta teofanía muestra a los tres discípulos, que este Jesús que los llamó viene del Padre y por tanto tiene Palabra autorizada: todo lo que manifiesta con su Palabra es revelación del Padre. Los discípulos a partir de esta teofanía tienen una nueva comprensión de la persona de Jesús, de la Palabra y de la revelación iniciada en Moisés hasta los profetas.
Un verbo a considerar por su importancia en este pasaje es "metamorpho" – ‘transfigurar’, ‘transformar’. Este verbo aquí se encuentra en un tiempo pasado puntal, llamado aoristo (equivalente a nuestro perfecto simple), en voz pasiva. Jesús en un momento puntal y sin intervención de su parte recibe esta ‘metamorfosis’. Este cambio de forma no es accidental afecta a toda su persona. Jesús a partir de esta experiencia ya vive en forma anticipada lo que va a ser su transfiguración pascual: pasión, muerte y resurrección. Los discípulos de Jesús también experimentan esta metamorfosis, no quedan ajenos a este momento único; a partir de aquí ellos se disponen, aunque sea muy tímidamente, a acompañar a Jesús a Jerusalén para la Pascua.

Don Bosco glorioso, declarado santo... pero no olvidemos que es un humilde cura... peligro de delirios de grandeza institucionales, tentación de querer mostrarse como gran empresa pero desconectada de su pobreza radical e imperativo servicial.

Lo que le digo
Quiero escucharte siempre, Jesús. No sólo en las alegrías, en mis momentos "altos", sino también en el llano de cada día, en lo exigente y complicado. ¡Fortalece mi esperanza!

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