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Viernes 20 de Abril

Lo que dice
Jn 6, 51-59 - Yo soy el pan vivo bajado del cielo

Jesús dijo a los judíos: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo". Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?". Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente". Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún.

Lo que me dice
Jesús nos invita a comerlo; nos dice “cómanme”, “bébanme”. Es una invitación chocante si nos imaginamos a él frente nuestro en su humanidad. De hecho, los judíos expresan asombrados: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”. Pero Jesús vuelve a insistir: “Si no comen mi carne… si no beben mi sangre… no tendrán Vida”.
Jesús nos dio para obtenernos la Vida su carne azotada y desgarrada, su sangre derramada en el madero de la cruz. Mayor escándalo que la muerte atroz de un inocente, mayor locura que Dios entregando a su propio Hijo en la cruz no hay. ¡Este es el escándalo más grande, esta es la locura jamás pensada! Por su carne entregada y por su sangre derramada hemos sido salvados, hemos sido rescatados de la muerte eterna, reconciliando Jesús con Dios a todos los hombres.
Comer la carne y beber la sangre de Jesús es creer en la fuerza de la reconciliación operada en su muerte y resurrección. Cuando recibimos el pan eucarístico no recibimos un premio por nuestros méritos, sino la salud por nuestros pecados. Jesús nos salva y recibirlo en su cuerpo y en su sangre nos alcanza la verdadera salud, la Vida eterna.

Lo que le digo
Que coma Tu carne, Jesús, beba Tu sangre.
Que me deje sanar por Tus heridas.
Que me deje salvar por Tu Cruz.
Que coma Tu carne, Jesús, que beba Tu sangre.
Permanezca en Ti y Tú en mí.
Y comiéndote y bebiéndote
alcance la Vida. Amén.
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