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Viernes 22 de Junio

Lo que dice
Mt 6, 19-23 - Allí donde esté tu tesoro, estará tu corazón

No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben. Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!

Lo que me dice
“No acumulen tesoros en la tierra…, acumulen, en cambio, tesoros en el cielo…”: La palabra acumular se utiliza varias veces en este texto pero en dos sentidos distintos o mejor dicho haciendo referencia a dos realidades muy diversas.
“No acumulen tesoros en la tierra…”: Me suena a apilar cosas una sobre otras, a amontonar, a estaticidad, a algo estanco que no me sirve a mí ni a los demás. Una imagen podría ser juntar un montón de cosas y guardarlas en un sótano siendo el único provecho abrir de vez en cuando la puerta y mirar lo que se tiene.
“Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo…": Me suena más a “contemplar”, a contemplar el paso de Dios por mi vida y por la vida de los que están junto a mí, a que, lo que hago en beneficio de los otros no tiene solo una duración temporal sino que su duración se mide en intensidad, se expande a toda mi vida. Este es un tesoro que no se puede cuantificar.
“Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón”: Escuchando estas palabras de Jesús viene a mi cabeza un dicho muy popular, sabiduría del pueblo “dime con quién andas y te diré quién eres”. En nuestras acciones y opciones nos mostramos, mostramos quiénes somos y que queremos, quizás si andamos más con Jesús podremos reflejarlo mejor y nos daremos cuenta que allí está nuestro mayor tesoro y que allí tiene que estar nuestro corazón.

Don Bosco en su lema “Dame almas y llévate lo demás” nos deja bien en claro cuál es el tesoro donde él tiene puesto su corazón. Su única riqueza son los jóvenes a los que quiere entregar su vida. Sus ojos sanos, llenos de luz y esperanza ven en ellos las posibilidades que muchos otros en su tiempo no llegaron a vislumbrar.

Lo que le digo
Señor te pido que mi corazón esté junto a vos, que vos seas mi única gran riqueza. Quiero ser tu amigo, quiero estar con vos “hoy”, quiero que me acompañés a mirar con ojos sanos las cosas que suceden a mi alrededor, que no se oscurezca en mí la luz de la esperanza que vos me regalas, que la oscuridad no tome posesión de mi vida, disipa mis tinieblas Señor.
Sana mis ojos Señor muchas veces enfermo por mi fiebre posesiva, mi egoísmo y mis desesperanzas.

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