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Viernes 19 de Enero

Lo que dice
Mc 3,13-19 - Llamó a los que quiso para que estuvieran con él

Después subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios. Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

Lo que me dice
"Llamó a su lado a los que quiso": Muchas veces tratamos de justificar el que queremos hacer determinadas tareas por nuestras cualidades, experiencia, aptitudes... en la comunidad de discípulos, el motivo fundamental es el querer de Dios. ¿Mis pasos son tratando de buscar ese querer, o tratando de contentar a quienes están conmigo, siendo "políticamente correcto"?
"Para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar": Los Doce son llamados a intensificar su experiencia de estar con Jesús, no a imponer sus criterios a los compañeros y compañeras del grupo. ¿Cómo vivo el ser llamado para una responsabilidad: servicio o dominio? ¿Cómo me llevo con esta doble dimensión del ser discípulo: estar con Jesús y anunciarlo?
"Con el poder de expulsar demonios": Esto es, anunciar la Buena Nueva y luchar en contra del poder del mal que arruina la vida de la gente y aliena a las personas. ¿Creo que por mi acción debo ayudar a que la vida sea mejor para todos, expulsando aquellas situaciones que no son las queridas por Dios?

Miguel Rúa anota en su cuaderno, con fecha 26 de enero de 1854: "Nos hemos reunido en la habitación de Don Bosco, Rocchietti, Artiglia, Cagliero y yo (Rúa). Se nos ha propuesto hacer, con la ayuda del Señor y de San Francisco de Sales, una prueba de ejercicio práctico de la caridad con el prójimo. A continuación haremos un promesa y después, si es posible, haremos un voto al Señor". Más tarde el propio Miguel Rua completará esta anotación, indicando que «desde ese día fue puesto el nombre de salesianos a los que se propusieron y se propondrán dicho ejercicio».
Este ejercicio práctico se va desarrollando, y "el año del Señor mil ochocientos cincuenta y nueve, a dieciocho de diciembre, en este Oratorio de San Francisco de Sales, en el aposento del sacerdote Juan Bosco, a las nueve de la noche, se reunieron con él: el sacerdote Victor Alasonatti, los clérigos Ángel Savio, diácono, Miguel Rúa, subdiácono, Juan Cagliero, Juan Bautista Francesia, Francisco Provera, Carlos Ghivarello, José Lazzero, Juan Bonetti, Juan Anfossi, Luis Marcellino, Francisco Cerrutti, Celestino Durando, Segundo Pettiva, Antonio Rovetto, César José Bongiovanni y el joven Luis Chiapale, todos con el mismo fin y ánimo de promover y conservar el espíritu de verdadera caridad que se requiere en la obra de los Oratorios para la juventud abandonada y en peligro, la cual en estos calamitosos tiempos es seducida de mil modos, con perjuicio para la sociedad, y arrastrada a la impiedad e irreligión.
Pareció bien a los congregados organizarse en Sociedad o Congregación, que juntamente con el fin de una recíproca ayuda para la santificación propia, se propusiera promover la gloria de Dios y la salvación de las almas, especialmente de las más necesitadas de instrucción y educación". Con los propios jóvenes del Oratorio, había nacido la Congregación Salesiana.

Lo que le digo
Don Bosco, por tu intercesión te pedimos que podamos seguir adelante con nuestro ejercicio práctico de la caridad en bien de los jóvenes abandonados y en peligro.
Que en estos tiempos en que vivimos, podamos constituir comunidades que nos humanicen y ayuden a humanizar a los demás.

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